Fracasar es el fin.

Jose Alberto Pereira Núñez. Wolfpsychology.home.blog

Introducción

Desde pequeños, escuchamos frases que nos acompañan sin darnos cuenta: “Ten cuidado”, “No te equivoques”, “Tienes que hacerlo bien”. Crecemos con la creencia de que el error es un enemigo y que fracasar es sinónimo de no valer. Esta publicación propone mirar de frente a esa idea y desmontarla. Queremos hablar de por qué el fracaso nos aterra, cómo nos educan en torno a él y qué podemos hacer para darle otro significado. Una reflexión para volver a mirar al error como lo que realmente es: parte de aprender a vivir.

1. El miedo a arriesgar nace pronto

Desde la infancia, incluso sin intención, se nos empuja a temer al fallo. Un niño corre y tropieza: “¡Te lo dije!”. Quiere pintar fuera de la línea: “Eso no se hace así”. En lugar de premiar la curiosidad o la valentía, se refuerza la obediencia y el resultado correcto. Así, sin darnos cuenta, aprendemos a evitar, no a explorar. A cumplir, no a descubrir. Lo que debería ser juego se convierte en juicio.

2. Fracasar duele porque se castiga

En la escuela tradicional, la equivocación es penalizada. Las notas miden lo que no sabes, no lo que has aprendido. Te dan un 4 y no te dicen por qué estás cerca del 5, sino por qué “no llegaste”. Se enseña que la excelencia es recordar datos generales, pero no cómo gestionar una emoción, tomar decisiones éticas o afrontar un duelo. Se premia el acierto mecánico, pero no la sabiduría vital. Así, la educación crea expertos en contenidos, pero analfabetos emocionales.

3. Mi sobrina y la letra torcida

Mi sobrina de cinco años llora porque no consigue hacer bien la “S”. Se siente mal, como si fallar una letra fuera fallar como persona. ¿Quién le ha enseñado eso? No lo sabemos. Nadie le ha gritado, nadie le ha exigido perfección… y sin embargo, el mensaje está ahí. Internalizado. Lo vemos en muchos niños. En cambio, en sistemas educativos como el finlandés, el foco está en el proceso, no en el resultado. No se califica durante los primeros años, se fomenta el juego libre, la autonomía, la paciencia. La letra no importa tanto como la experiencia de aprenderla. No es lo mismo enseñar a escribir que enseñar a disfrutar escribiendo.

4. ¿Por qué nos movemos?: del miedo a la autorrealización

Existen dos grandes motores de motivación: la extrínseca (hacer algo por recompensa o castigo) y la intrínseca (hacerlo porque nos llena). Hoy en día, muchos se mueven más por evitar el dolor de fracasar que por el placer de crecer. Vivimos para esquivar el juicio, no para abrazar el sentido. Carl Rogers hablaba de la autorrealización como el impulso más puro del ser humano. Pero ese impulso necesita libertad, confianza y permiso para equivocarse. Sin ellos, no florece. El miedo al fracaso encierra nuestro potencial en una jaula.

5. La necesidad de control

El miedo a fallar también está vinculado con una necesidad básica: el control. Si controlo todo, creo que no sufriré. Si no arriesgo, no pierdo. Pero esta fantasía nos condena. Vivir no es controlar, sino adaptarse. El exceso de control es solo otro nombre para el miedo. Paradójicamente, aceptar el descontrol —aceptar que puedo fracasar— es lo que nos hace más libres. El control absoluto no existe, pero la confianza sí se puede construir.

6. ¿Vale más el talento o la valentía?

Durante años se nos ha hecho creer que lo que define el éxito es el talento innato o la inteligencia medida en cifras. Pero las investigaciones modernas —como las de Angela Duckworth sobre la grit o perseverancia— señalan algo distinto: destacan más quienes insisten, no quienes brillan a la primera. La capacidad de sostener el esfuerzo a pesar del error, la voluntad de volver a intentar después del tropiezo, es más determinante que cualquier cociente intelectual.

Ser valiente no es no tener miedo, es actuar a pesar de él. Arriesgar es aceptar que el camino no está trazado. Y en un mundo que premia a los obedientes pero recuerda a los osados, tal vez el secreto no sea ser el más listo, sino el que más se atreve.

La inteligencia emocional, la resiliencia, la pasión por explorar y la tolerancia a la frustración son habilidades que rara vez se enseñan, pero que sostienen cualquier éxito real. Porque los que se lanzan —aunque tiemblen— son los que un día descubren nuevos caminos.

El talento puede abrir una puerta, pero solo la valentía te hace cruzarla.

Conclusión: El fracaso no es el fin, es el inicio

Fracasar no es el fin. Es un umbral. Es el terreno fértil donde germinan los aprendizajes más profundos. Lo que necesitamos no es evitar el fracaso, sino reconciliarnos con él. Educar en el error como parte de la vida, no como un obstáculo a eliminar. Enseñar a los niños —y recordárselo a los adultos— que equivocarse no es fracasar, es intentarlo. Y que intentarlo ya es un acto valiente.

Reflexión final

Tal vez debamos mirar a nuestros fracasos como se mira un cuadro inacabado: con ternura, con dignidad. Son parte del arte de vivir. Que no te dé miedo equivocarte. Que te dé miedo no haberlo intentado por miedo al juicio.

Porque fracasar no es el fin. El verdadero fin… es no haber vivido por miedo a fallar.

» No hay mayor profesor que el error, ni más dulzura que el que sufre y luego cura su dolor» Nach.

Wolfpsychology. Jose Alberto Pereira Núñez. Psicólogo sanitario, ingeniero de la mente, aprendiz de humano y escritor en sus ratos libres.

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Gracias, gracias y gracias.

Entrevista al bullying.

Wolfpsychology-Jose Alberto Pereira Núñez.

Supérate (Una historia sobre el bullying y superación)

Llevo unos meses que por trabajo y poca motivación tengo varias publicaciones pendientes y a medio hacer, pero decidí que no iba a escribir hasta que el corazón me llamase, la cuestión es que no quería escribir sobre los típicos tópicos de crecimiento personal y demás cosas que inundan las redes.  

El fin de semana pasado en una terapia individual con un cliente (cuya privacidad será respetada), llegamos hablando al tema del bullying, las nuevas tecnologías y sobre lo mal que lo pasan estos chicxs en el colegio e incluso fuera de él.

Sin que la consulta fuera derivada por esa causa terminamos hablando sobre el bullying y como este chico lo había sufrido cuando estaba en el colegio.

Me hacía referencia sobre que siempre había sido un chico más pequeño que los demás porque tuvo problemas en el crecimiento y además siempre había tenido un carácter muy noble. A día de hoy mi cliente sin embargo no recordaba este hecho como algo traumático. El recuerdo que tenía, es que hasta cierta edad al ser más pequeño e inocente que el resto de sus compañeros le hacía ser presa fácil de los abusones y eso le influía en sus ganas de ir al colegio y en conseguir sus objetivos estudiantiles. Me comentó que nunca había sufrido agresiones físicas, pero si algunas burlas que en esa edad te hacía sentir inferior al resto.

El bullying no era una categoría disponible en su época le referí yo, en aquel tiempo se llamaban bromas de unos alumnos a otros y no estaba tan perseguido.

Cuando este paciente creció y ya fui siendo más mayor se podría decir que según sus palabras cambió un poco las tornas y se volvió como textualmente me dijo un poco «chulo» e incluso era él quien intentaba quedar por encima del resto (una careta defensiva de aquella edad), mediante insultos o alguna agresión física.

Posteriormente, me comentó que al entrar en la etapa adulta y adquirir una cierta madurez casi había olvidado por completo estos sucesos de la infancia, e incluso en algún momento llegó a empatizar con los abusones y se puso en su lugar para saber porque harían eso, ya que el posteriormente estuvo en el lado contrario.

Nos pusimos como ejercicio a sacar una serie de variables que podrían llevar a los ¨abusones¨ a cometer esas conductas: conductas aprendidas como agresión de sus padres, televisión, videojuegos; modelos de aprendizaje-aprendizaje vicario o por observación de sus iguales, conductas defensivas y un rol para parecer una persona dominante entre su grupo de iguales.

Está persona fracasó escolarmente y tuvo que luchar con mucha fuerza para volver a incorporarse al sistema. Me contó en este punto que siempre tuvo el apoyo de sus familiares en su vida, aunque siempre desconocieron la historia de su acoso escolar, porque según sus propias palabras ¨le daba vergüenza hacer ver a sus familiares y padres que sufría esa situación¨.

Con 20 años o un poco más logró hacer la selectividad. Hoy en día esta persona es ingeniero, tiene un máster, habla fluidamente dos idiomas y trabaja como ingeniero en una buena empresa.

En este punto me gustaría decir que en mi experiencia personal empecé a ser psicólogo para ayudar a esos niñxs que como mi paciente en la infancia necesitan alguien externo que les preste una mano, una forma de salir de una situación que no son capaces de afrontar por si solxs o incluso en un periodo más tardío los ayudará a encontrar su camino profesional y en la vida. Luego por cosas de la vida me fui decantando más por la psicología clínica y hoy en día soy más experto en otras áreas (adicción, depresión, ansiedad, alzheimer, discapacidad, etc), aun así me sigue importando demasiado estos temas como quiero hacer ver en esta publicación.

Volviendo a mi cliente, comentar que esta persona me refería haber tenido mucha suerte en su vida (también sus éxitos basado en su esfuerzo), trabajaba como ingeniero de lo cual había estudiado, tiene una familia buena, muchos amigxs y pareja.  También ha vivido la perdida, el duelo, la decepción y la derrota… Pero hemos conseguido con algo de trabajo que vea estas circunstancias como grandes lecciones en su vida obteniendo así los mejores aprendizajes de ella.

Me gustaría que la experiencia personal de esta persona sirviera para algo. En su momento el pensó que callar era ser valiente y posteriormente pensó lo mismo sobre ser más fuerte que el resto y ser él el que abusara de otras chicxs. La verdad es que no hay valentía en ninguno de esos dos actos. No eres más débil por contar un problema o algo que te sucede. Al contrario, puedes mostrar más debilidad cuando callas, esto es un concepto que puede llevar muchos años entender. Ya que en muchos ámbitos de la sociedad se ha mostrado que una persona es fuerte cuando aguanta lo que le hace daño. Una persona que es sensible no debe esconder esa sensibilidad como un signo de debilidad. Mostrarse cómo eres es el mayor signo de fortaleza que podemos hacer.

Algunas conclusiones a las que llegamos son que no hay justicia en convertirte en lo que odias y golpear más fuerte que el otro, la violencia no es casi nunca una opción buena. Ser fuerte es una gran responsabilidad y no un medio para imponerte a los demás.

En resumen, mi paciente fue un niño que sufrió bullying, pero me no se detuvo en eso, es ingeniero y trabaja como ello, es feliz, tiene amigxs, una gran familia, pareja, me consta que es una persona que ayuda a los demás todos los días y consiguió transformar un evento malo en algo positivo.

Además, desde mi punto de vista es una persona que cuenta con cero problemas de autoestima, (algo que me llama especialmente la atención), esto puede ser debido a que hace ya bastantes años que aprendió a quererse y aceptar todas las partes de sí mismo. No recuerda ese evento ni siquiera como algo negativo hoy en día, quizás porque ha aprendido a perdonar y ponerse en el lugar de otro.

Hoy justo cuando me preparaba para escribir este post, he leído que un jugador muy famoso de la Juventus de Turín (Bonucci) sufrió bullying en el colegio (algo que con su físico y apariencia hoy en día parece impensable) y aconsejaba a estos chicxs denunciar dichas situaciones.

Wolfpsychology-Jose Alberto Pereira Núñez.

Yo, personalmente tengo una sobrina que está a punto de cumplir dos años y me gustaría dejar algunos mensajes a todo el que quiera recibirlo: padres, chicxs de esta edad, profesorxs y otros profesionales.

Mi cliente y yo quisiéramos dejar unos mensajes que hemos consensuado a estos chicxs que pueden estar en las circunstancias que él estuvo en su día:

1-Pide ayuda, poner la otra mejilla no es una opción. Hay muchas personas que pueden ayudarte, profesores, otros alumnos, psicólogos, tus padres, etc.

2-La violencia casi nunca es una opción en la vida, no tomes venganza y sobre todo no hagas lo mismo con otrxs que son más vulnerables que tú.

3-Los demás no te verán como débil si hablas y cuentas tu situación. Además, te podrán ayudar, no hay superioridad en abusar de otra persona, ni inferioridad en que abusen de ti.

4-Tienes que respetarte a ti mismo, si buscas la aprobación de los demás ocultas todo lo que quieres mostrar por miedo a que otros no lo entiendan o no lo compartan. Cuando te respetas a ti mismo no necesitas la aprobación de nadie. Mi paciente sentía cero vergüenza al reconocer que había chicos que eran más grande que él y podían insultarle en una época de su vida, y yo personalmente siento cierta lastima por saber que les llevaría a esos otros chicos a aquellas circunstancias de abuso, además de un ferviente deseo por ayudar al que se encuentre en la circunstancia en la que mi cliente estuvo.

Haz de tu vida lo que quieres que sea, solo tú puedes lograrlo.

(Un guerrero no se rinde jamás con lo que le apasiona encuentra el amor en lo que hace).

«El único signo de superioridad que conozco es la bondad» Ludwig Van Beethoven.

Wolfpsychology. Jose Alberto Pereira Núñez. Psicólogo sanitario. AN10227.

Gracias, gracias y gracias

El verdadero valor del anillo.

Wolfpsychology-Jose Alberto Pereira Núñez.

Llevo más de dos semanas sin publicar nada, pero hoy me apetece dejaros esta
moraleja del gran Jorge Bucay titulada el verdadero valor del anillo. Se
avecinan cambios, de página, blog y redes (siempre esperando mejorar y poder
ayudar al mayor número de personas posibles. Dicho esto, volvemos con más
fuerza que nunca.

El verdadero valor del anillo:

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.

– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para
hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y
bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me
valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis
propios problemas! Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría
resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

– E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era
desvalorizado y sus necesidades postergadas-.

– Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo
pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo
que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para
pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero
no aceptes menos de una moneda de oro.

Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a
los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo
que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro,
algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable
como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy
valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de
cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de
oro, así que rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que
se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó
su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!

Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y
recibir entonces su consejo y su ayuda.

– Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste.
Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda
engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el
maestro-.

Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete
al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?.

Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no
importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil,
lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más
que 58 monedas de oro por su anillo.

– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.

– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él
cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este
anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte
verdaderamente un experto.

¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero
valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano
izquierda.​

-Cuento de Jorge Bucay-

El gran escritor nos viene a decir que tenemos que ir por la vida sabiendo
todo lo que valemos, sin prepotencia ni egocentrismo, pero sin con amor propio.
Ese amor que te permitirá salir a flote en los malos momentos porque nunca
estarás solo, estaras contigo mismo. También será ese amor el que te permita
compartir con los demás cuando quieras, sin apego, sin necesidad y con el mayor
grado de satisfacción posible.

Aprendamos a valorarnos con la importancia que tenemos y que no todo el mundo
puede ver, ya que, muy pocas personas pueden llegar a conocernos en nuestra
vida.

Wolfpsychology. Jose Alberto Pereira Núñez. Psicólogo sanitario. AN10227.

Gracias, gracias y gracias.

Que no queremos ser tanto.
Queremos vivir en nuestra tierra
agrietada de manantiales cristalino,
andar un poco más lejos que las fronteras
por la sublime añoranza del regreso.

Kutxi Romero (Marea)- Como los trileros.