
Crecer es aprender a despedirse dice Risto Mejide.
¿Pero cuanto estamos preparado para asumir la despedida o la muerte como una parte más del ciclo de la vida?, parafraseando esa gran frase del Rey León.
¿Se nos enseña a vivir? ¿Se nos enseña a morir? Y quizás la pregunta que mejor se refiere a nuestro tema ¿Se nos enseña a asumir la muerte de algún ser querido? Yo tanto personalmente como desde una perspectiva de psicólogo creo que la respuesta es no a las tres preguntas.
En este post nos centraremos principalmente en lo que se refiere a la tercera pregunta, la pérdida de un ser querido.
Desde mi punto de vista o por lo menos como lo he vivido yo, la muerte representa un tabú en nuestra cultura. O si quizás no un tabú, no se nos prepara para recibir la muerte de un ser querido.
Vayamos a la película de Disney coco, esta película que vi cuando salió hace unos años, me dejó impactado por la forma en la que en ella se entiende el concepto de muerte. Representa la cultura mexicana y en ella los personajes de esta película festejan el día de los difuntos yendo todos juntos al cementerio, haciendo una fiesta en casa y poniendo fotos de sus seres queridos que quieren recordar en sus casas. Desde pequeños a estos jóvenes de esta cultura se les enseña a aceptar la muerte como una fase más del proceso de la vida y viven con ella más integrada. Ellos creen en la idea de que se muere dos veces: una cuando dejas de estar en el plano físico y otra cuando alguien te recuerda por última vez.
Igualmente, por muy integrada que pudiéramos tener la muerte como cultura, cuando se produce una pérdida de un ser querido se produce lo que se conoce en psicología como el proceso de duelo. También un proceso de duelo puede darse por la pérdida de un objeto, un animal, la ruptura con una pareja o cualquier cosa que la persona tenga un especial apego y cariño.
Las fases del duelo son cinco: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Es cierto que este proceso algunas veces no sigue etapas rígidas y fijas, sino que se produce una oscilación entre todas ellas durante un periodo de tiempo variable que depende de cada persona, interpretación que esta haga y situación. Si supera un año de duración el duelo se considera duelo patológico, aunque esto no deja de ser una mera categorización.
Hay muchas técnicas que usa la psicología para apoyar al proceso de duelo. Muchas de ellas consisten en cerrar una etapa y despedirse de la persona que se ha ido: escribir una carta de despedida, la técnica de la silla vacía (donde hablamos con la persona como si estuviese en la silla), etc. A nivel personal cuando fallece alguien recomiendo mucho la búsqueda de un sentido y de un significado a la perdida, a la existencia de esa persona, sacando los puntos de vista positivos a la vida que ha tenido esa persona y también no intentar esconder ni enmascarar emociones (hay momentos donde es normal estar tristes).
Independientemente de cual sea nuestras creencias, religión, o si no creemos en nada, las personas que se van viven en nuestros recuerdos, pensamientos y en lo que nos hicieron sentir.
No busco un consuelo típico, pero pienso que no hay mayor inmortalidad que esa, dejar un legado: mental, de conocimiento, físico o en el corazón de las personas.
A lo largo de mi vida he perdido a mucha gente que he querido muchísimo, abuelo, amigos, tías y animales que eran como mejores amigos. De todas estas experiencias de perdida he aprendido grandes lecciones: aprender a disfrutar del momento presente, a no perder el tiempo con cosas que realmente no merecen la pena y a darme cuenta que son las cosas realmente importantes en mi vida.
¿Y si cambiáramos nuestro concepto de muerte?
Podrían educar a los más pequeños con este concepto desde las escuelas o quizás podíamos hacerlo como cultura, aquí os dejo una idea:
El cementerio de los arboles
Hace poco leí una imagen que proponía la idea de un cementerio en un gran espacio o lugar donde en vez de poner un ataúd nos colocaran en el suelo y plantaran un árbol encima de nosotros.
No sé pensarlo, a lo largo de unos años podría crearse un cementerio bajo este concepto. Podría ser un pequeño bosque en medio de la ciudad. Con el paso del tiempo cada persona colocada allí sería un pequeño árbol. En lugar de ir a llorar a unas tumbas grises podríamos ir a recostarnos bajo la sombra del árbol de un familiar a leer un libro y pasar un rato junto a su recuerdo y en lugar de llevar flores, las podríamos sembrar.

Como última reflexión me gustaría volver con la idea de una mejor educación sobre las fases de la vida donde nos enseñen bien a estar preparados para afrontar todas las etapas vitales y sobre todo bajo el concepto de esta idea: la muerte no es triste, lo triste es no saber vivir.
“No te tengo enfrente ni te tengo al lado, pero te llevo dentro al corazón pegado y no pienso parar de vivir hasta que esté parado porque vivir es celebrar cada latido nuevo como otro ganado» Rayden-Abrazos impares-
Wolfpsychology. Jose Alberto Pereira Núñez. Psicólogo sanitario. AN10227.
Gracias, gracias y gracias.
