Emoción -arte

Wolfpsychology. Jose Alberto Pereira Núñez
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Emoción -arte.

Ha llovido un poco, pido disculpas al que estuviera hace años leyendo a este psicólogo buscando su sitio en el mundo. Pero solo hago una publicación si el corazón me llama.

De esto va está publicación, de la función que cumple emocionarte.

Las emociones no son una debilidad, sino una herramienta ancestral que ha guiado nuestra supervivencia. Alegría, tristeza, miedo, asco, ira… Cada una cumple un propósito adaptativo. En la película «Inside Out» («Del Revés»), Disney explica cómo incluso la tristeza, rechazada por muchos, puede ser la clave para conectar con los demás y pedir ayuda. De hecho, sin miedo no escaparíamos del peligro, sin ira no defenderíamos lo justo, sin alegría no construiríamos vínculos duraderos. Las emociones evolucionaron para protegernos, y hoy siguen siendo faros internos que nos orientan en un mundo complejo.

La emoción y la memoria están intrínsecamente unidas. En enfermedades como el Alzheimer, cuando los recuerdos recientes se desvanecen, lo que permanece son las memorias emocionales. Un abuelo que no recuerda el nombre de su nieta puede sonreír al oír una canción de su infancia o emocionarse al acariciar la mano de su pareja. Es la memoria episódica emocional la que resiste, anclada en el cuerpo y el alma. El sistema límbico, en especial la amígdala y el hipocampo, guarda este cofre de vivencias que nos recuerdan que fuimos, que amamos, que vivimos.

Las grandes obras del arte nacen del dolor, la esperanza o el deseo. Vincent van Gogh, con su vida marcada por la lucha interna, transformó su sufrimiento en luz sobre lienzo. Las emociones intensas nos empujan a crear, a movernos, a expresar. Son motor y pincel. El arte es la sublimación de lo que sentimos. Y a veces, solo a través del arte podemos entender lo que nos pasa. Por eso, la emoción es también una fuente inagotable de motivación: una energía que no siempre busca una meta externa, sino un sentido interno.

Los pensamientos fluyen como ríos, y las emociones son el cauce que los encauza. Cuando una emoción nos domina, los pensamientos se repiten, se obsesionan, se bloquean. Pero si aprendemos a identificar la emoción, a transitarla sin juicio, entonces podemos redirigir ese flujo mental. Controlar la emoción no es reprimirla, es comprenderla. Es transformar la reacción en elección. El autocontrol emocional es, en esencia, una forma de libertad cognitiva.

Las emociones pueden ser nuestras aliadas o nuestras cárceles. Podemos usarlas para construir, o podemos ser arrastrados por ellas. La tristeza puede inspirar una canción que consuele a otros, o hundirnos en el aislamiento. La ira puede defender una causa justa o destruir vínculos irrecuperables. El arte, la escritura, la terapia, la conversación… son formas de darle forma a lo que sentimos, de no quedarnos atrapados en lo invisible. Tal vez la pregunta no sea si sentimos demasiado o demasiado poco, sino ¿qué hacemos con lo que sentimos?

Platón, en su alegoría del carro alado, nos habla de un auriga (el alma racional) que intenta conducir dos caballos: uno blanco, noble y obediente (la voluntad), y uno negro, impulsivo y rebelde (los deseos y emociones descontroladas). El arte de vivir está en aprender a guiar esa auriga, sin reprimir ni soltar por completo las riendas. Domar sin ahogar. Dirigir sin negar.

Como dice la mítica frase de la película *Coach Carter* (Profesor Carter):

«Nuestro miedo más profundo no es ser inadecuados. Nuestro miedo mayor es nuestro poder inconmensurable, es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que nos aterra. Optar por la mezquindad no sirve al mundo, no hay lucidez en encogerse para que los demás no se sientan inseguros junto a ti. Nuestro destinó es brillar como los niños, no es el de unos cuantos es el de todos. Y conforme dejamos que nuestra luz propia alumbre, inconscientemente permitimos lo mismo a los demás. Y al liberarnos de nuestro propio miedo nuestra presencia automáticamente libera a otros.»

Como escribió el rapero Nach:

«Porque expresar lo que uno siente es un arte… y en ese arte me dejo la vida.»

Que así sea: que sigamos sintiendo, y que del sentir, hagamos arte.

Wolfpsychology – Jose Alberto Pereira Núñez.

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Gracias, gracias y gracias.