
Llevo más de dos semanas sin publicar nada, pero hoy me apetece dejaros esta
moraleja del gran Jorge Bucay titulada el verdadero valor del anillo. Se
avecinan cambios, de página, blog y redes (siempre esperando mejorar y poder
ayudar al mayor número de personas posibles. Dicho esto, volvemos con más
fuerza que nunca.
El verdadero valor del anillo:
Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para
hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y
bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me
valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis
propios problemas! Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría
resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
– E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era
desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
– Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo
pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo
que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para
pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero
no aceptes menos de una moneda de oro.
Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a
los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo
que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro,
algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable
como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy
valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de
cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de
oro, así que rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que
se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó
su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!
Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y
recibir entonces su consejo y su ayuda.
– Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste.
Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda
engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el
maestro-.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete
al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?.
Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no
importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil,
lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más
que 58 monedas de oro por su anillo.
– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él
cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este
anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte
verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero
valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano
izquierda.
-Cuento de Jorge Bucay-
El gran escritor nos viene a decir que tenemos que ir por la vida sabiendo
todo lo que valemos, sin prepotencia ni egocentrismo, pero sin con amor propio.
Ese amor que te permitirá salir a flote en los malos momentos porque nunca
estarás solo, estaras contigo mismo. También será ese amor el que te permita
compartir con los demás cuando quieras, sin apego, sin necesidad y con el mayor
grado de satisfacción posible.
Aprendamos a valorarnos con la importancia que tenemos y que no todo el mundo
puede ver, ya que, muy pocas personas pueden llegar a conocernos en nuestra
vida.
Wolfpsychology. Jose Alberto Pereira Núñez. Psicólogo sanitario. AN10227.
Gracias, gracias y gracias.
Que no queremos ser tanto.
Queremos vivir en nuestra tierra
agrietada de manantiales cristalino,
andar un poco más lejos que las fronteras
por la sublime añoranza del regreso.
Kutxi Romero (Marea)- Como los trileros.



















