La muerte no es triste, lo triste es que las personas no sepamos vivir..

El experimento original: cuando el alma se encierra sin barrotes
Martín Seligman, psicólogo y pionero en la psicología positiva, formuló el concepto de indefensión aprendida tras un experimento impactante: unos perros, sometidos a descargas eléctricas inevitables, dejaban de intentar escapar aunque más adelante sí tuvieran cómo hacerlo. Habían aprendido que luchar no servía de nada.
Hoy, ese experimento ya no necesita jaulas. Ocurre a cielo abierto. En oficinas, en móviles, en hogares fragmentados. Ocurre cuando una población entera deja de luchar porque ha interiorizado que no puede cambiar nada.
1. Del clan al yo: la soledad disfrazada de libertad
La progresiva individualización ha traído ciertos logros, sí: más derechos, más autonomía. Pero también ha destruido tejidos invisibles que nos sostenían: la familia extensa, los grupos comunitarios, el apoyo vecinal, la tribu emocional.
La hiperconexión digital ha sustituido el contacto humano profundo por estímulos fugaces. Cada uno vive en su cápsula. A veces llena de contenido, pero vacía de sentido.
La independencia mal entendida se ha vuelto una trampa dorada: solos, somos más manejables.
2. Vivir deprisa para no sentir
La rutina del siglo XXI se parece a una cinta de correr sin botón de pausa.
Trabajos asfixiantes, horarios imposibles, comidas rápidas y sin alma.
Y cuando hay un hueco… dopamina: series, scroll, compras, ruido.
No descansamos: nos estimulamos.
No sentimos: nos distraemos.
La aceleración es la anestesia de una sociedad que, en el fondo, no quiere mirar hacia dentro. Porque lo que vería… tal vez dolería.
3. “No se puede cambiar el mundo”… ¿y si empezamos por uno?
Muchos repiten con resignación: “¿Qué puedo hacer yo?”
Y se convierten en espectadores de su propia historia.
Pero hay otro relato, menos ruidoso y más potente.
Aquellos que leyeron Sopa de pollo para el alma saben que los grandes cambios empiezan por uno. Uno que cuida. Uno que se atreve. Uno que actúa.
No se trata de salvar el mundo entero, sino de encender una luz en nuestro metro cuadrado.
Y a veces, esa chispa se contagia.
4. Tiempo libre… ¿o jaula de oro?
Vivimos atrapados en una paradoja: ansiamos tiempo libre, pero cuando lo tenemos, no lo usamos para liberarnos, sino para reforzar el bucle.
Es la sobrecompensación: después del esfuerzo viene la hiperrecompensa, y esta suele ser digital, inmediata, placentera… pero vacía.
La dopamina sigue gobernando, aunque estemos en casa.
La jaula no es el trabajo: es el modo de vivirlo… y de escapar de él.
5.¿Qué enciende la chispa de la indefensión poblacional?. Caso real.
Esto que aquí describo pasó hace no mucho en mi contexto. Conocido con hijos pequeños e intento de suicidio por no poder escapar de su bucle de adicción. Casi lo consigue..por poco esos niños se tienen que preguntar ¿donde está papa?
Vueltas a mi cabeza. ¿Que estamos haciendo como sociedad?. Una salud mental pobre con escasos recursos y difíciles accesos públicos. Profesionales con poca formación y más destinados a ganar plata que a hacer un buen trabajo, más centrados en el conocimiento de manual que en la sabiduría. Una industria medica más orientada hacia paliar síntomas que a centrarse en la solución de los problemas. Una industria más centrada en la farmacología con resultados inciertos que en posibles verdaderas curas más naturales. De ahí surge la verdadera pregunta:
¿Podríamos haber hecho más o estábamos demasiado en automático?
6. Pensar, sentir, conectar: la revolución del pensamiento crítico
Frente a esta cadena invisible de indefensión, hay una herramienta más revolucionaria que cualquier algoritmo: el pensamiento crítico.
La capacidad de observar, cuestionar, contrastar, experimentar.
De no tragar entero lo que se nos da, sino digerir con conciencia.
De leer datos y también miradas.
La ciencia no es fría cuando la guía la empatía.
Y pensar libre es el primer paso para ser libre.
El segundo: construir redes.
El tercero: actuar, aunque sea en lo pequeño. Porque lo pequeño no es poco.
7. Reflexión final: despertar de la anestesia
Estamos rodeados de ruido, sí.
Pero también de latidos que aún vibran con fuerza.
Esta publicación no pretende culpar, sino despertar.
No quiere imponer verdades, sino sembrar preguntas.
¿Y si no estamos tan indefensos como creemos?
¿Y si el primer paso hacia un mundo distinto es dejar de repetir que no se puede?
Quizá, solo quizá, todavía estamos a tiempo de volver a elegir.
Con más conciencia.
Con más conexión.
Con más alma.
«Que no queremos ser tanto
Queremos vivir en nuestra tierra, agrietada de manantiales cristalinos
Andar un poco más lejos que las fronteras
Por la sublime añoranza del regreso» Marea. Kutxi Romero.
Jose Alberto Pereira Núñez. Psicólogo Sanitario, ingeniero de la mente, aprendiz de humano y escritor en sus ratos libres
Wolpsychology.home.blog
Gracias, gracias y gracias.
